Espacios de libertad dentro de las escuelas

Actualizado: 16 de oct de 2020


¿Se imaginan si se nos brindará un espacio donde explorar nuestros intereses, descubrir esas cosas que disfrutamos hacer y fortalecer aquellas para las que somos buenos?

Más de una vez, durante nuestros años de escuela, sentíamos que estar dentro de un aula era una prisión. Veíamos a la escuela como un lugar donde teníamos que estar, no donde queríamos estar.


Y como no verla así, si en la gran mayoría de los casos, la dinámica dentro de ellas nos limita a estudiar cosas que, en primer lugar no nos llaman la atención y en segundo, son cosas que no utilizaremos en nuestra vida cotidiana.


Además, la tendencia que existe a la estandarización del conocimiento y la búsqueda de la la integralidad y uniformidad en la enseñanza, limitan la posibilidad de que los alumnos piensen diferente, desarrollen sus fortalezas, sus intereses y su creatividad, lo que provoca estudiantes poco motivados y con una actitud de resistencia frente a la idea de aprender.


Probablemente, si nos preguntamos ¿Qué es aprender? la imagen mental que veremos será la de un pizarrón, con algún cálculo matemático y un maestro tratando de enseñar a sus alumnos ese cálculo, los alumnos observando fijamente ese pizarrón “aprendiendo”.


Sin embargo aprender va más allá de cálculos, obligaciones y escuelas, el genuino aprendizaje efectivo, surge de la curiosidad y de la voluntad por conocer, pero en la escuela tradicional, absorben nuestra iniciativa y nuestros espacios para aprender lo que “hay que aprender”, nos guste o no, nos sirva o no, y tristemente cuando crecemos y recuperamos la dirección de nuestro aprendizaje, muchas veces ya es tarde y han sepultado nuestras ideas e intereses bajo montañas de datos que probablemente nunca utilizaremos.


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Pensemos, qué pasaría si en lugar de estudiar aquello que nos apasiona cuando estamos en la universidad o incluso después, pudiéramos dedicarle tiempo a nuestra pasión, desde tempranas etapas de nuestra vida, si en lugar de que nos regañen por cantar, dibujar, bailar, construir, escribir, cuestionar o jugar fuera de tiempo en la escuela, se nos brindará un espacio donde explorar nuestros intereses, descubrir esas cosas que disfrutamos hacer, fortalecer aquellas para las que somos buenos y porqué no, intentar alguna en la que no lo somos tanto.


Seguramente, tendríamos un país con un mayor nivel de competencia en nuestros profesionales, mucho menos deserción escolar y un verdadero deseo de los estudiantes por acudir a la escuela y por aprender.


Para lograrlo, pensemos, ¿Cómo podríamos hacer de la escuela un lugar donde los estudiantes quieran estar? Evidentemente, hay que brindarles conocimientos formales y planes de estudio estructurados, pero las f