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CONFESIONES DE UNA (TÍPICA) PERFECCIONISTA

Si eres fan de Disney Channel como yo, y recuerdas los Oldies que había hace unos años, recordarás una película protagonizada por Lindsay Lohan llamada “Confesiones de una Típica Adolescente”. Palomera como ella misma, pero buena. Hoy día no recuerdo mucho la trama, sólo un gran cover de David Bowie al final; sin embargo, creo que la inspiración de esta entrada viene un poco de allí.


¡Cuánto miedo nos da poner lo que realmente somos ante los demás! ¡Cuánto miedo no ser perfectos! Que las partes que son humanas de nosotros, salgan a la luz. Que los demás logren ver lo que realmente somos… ¡vaya confesión! Así que, sin más, estas son las confesiones de una (típica) perfeccionista, que siempre creció creyendo que tenía que hacer lo correcto para poder ser. Las confesiones de una (típica) perfeccionista que siempre creyó que el deber ser más importante que el ser.


Así que, amado lector, si te has sentido identificado con algo de esto, te invito a que camines conmigo sobre estos tres consejos que te doy como una perfeccionista que intenta estar en recuperación constante.


Ps. Te comparto un cachito de mi corazón y aprendizajes de terapia, oración y Brené Brown (hands down para esa mujer🙌🏼).

  1. Eres lo que haces, haces lo que eres. Sin separación.

Como perfeccionista, te acostumbras a hacer y hacer con tal de que todo quede bien (verso sin esfuerzo, wink). Sin embargo, ¿dónde queda el “ser”? Algo que me ha costado mucho trabajo es no definirme por lo que hago o cómo lo hago, sino verlo como un fruto de aquella persona que soy. Al final de cuentas, nadie da lo que no tiene pero tú das más que tus errores o tus fallos, y eso… ¡es más que suficiente!


Por tanto, pro-tip #1: A la próxima que estés haciendo algo y sientas la frustración de que no sale como esperabas, pregúntate, ¿lo hago para mí o para recibir algún reconocimiento? ¿Es un reflejo de quién soy o solo lo hago por el tener que?


2. No se puede amar lo que no se deja ver.


Querido perfeccionista, algo que nos suele costar bastante es la vulnerabilidad. Hasta decirlo, asusta (¡tenemos un 3312!). Y es que nadie está dispuesto a ponerse en el rodeo para que todo mundo lo vea, y si es así, lo hacemos para recibir una ovación de pie, no para que vean nuestros errores.


Pero te tengo una mala y una mejor, la mala es que si eres lo suficientemente valiente y sales de ti mismo, siempre habrá gente observando listo para tirar a matar. Pero la mejor es, solo si te dejas ver, realmente así, como eres, sin más y sin menos, las personas indicadas te amarán por eso, por quien eres, con tus luces y sombras, por tus imperfecciones y no a pesar de ellas. Y no sólo por lo que haces bien o mal.


Entonces, pro-tip #2: ¡Sé valiente! Y acoge los comentarios de aquellos que son igual de valientes que tú para lanzarse al rodeo. Mejor aún, mantén cerca de tu corazón a aquellos que te aman. Cheap seats, siempre habrá. Aprende a escoger quiénes tienen poder sobre ti y quiénes no.

  1. Ten valor… ¡y sé amable! (lo dice Cenicienta, no yo).

La valentía, exige vulnerabilidad y en consecuencia, ¡se desatará toda la creatividad dentro de ti! Pero antes, ¿cómo te abrazarán los demás si tú no te apapachas primero? Entonces, ¡sé amable! Sí, pero contigo primero. Con tus errores y fracasos, no vistos como una falla o como un indicativo de que algo anda mal; sino, como una oportunidad para crecer y para ser la mejor versión de ti mismo.


En consecuencia, pro-tip #3: Ser valiente siempre tendrá sus riesgos, como la incertidumbre y el ser expuesto emocionalmente… Y aunque el camino es largo para romper el molde en el que quizás te has metido a ti mismo, al final no habrá mayor satisfacción que la de vivir en libertad.


Finalmente, no es fácil construir un camino cuando tienes uno marcado desde que naciste; sin embargo, HOY tienes el poder de decidir qué hacer con ello, quién ser y ser valiente con tu vida. Sabiendo que, el mayor triunfo no consiste en llegar siempre en primer lugar o ser el número uno en la mente y en el corazón de todos, sino en haberte lanzado al vacío aún sabiendo que había un riesgo de por medio.


Querido perfeccionista, ¡atrévete a ser humano! Yo estoy en camino, ¿y tú?


Con cariño, Tania Rodríguez.

 

Por: Tania Rodríguez

Graduada de la 8va generación ninja.Estudiante de la Licenciatura en Ciencias de la Familia en la Universidad Anáhuac, Campus México. Escritora ocasional y pensadora de tiempo completo. Creciendo, aprendiendo y amando en el camino. Apasionada del amor, la persona y de todo lo relacionado con lo anterior.

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